miércoles, 21 de octubre de 2015

IMAGENES DE LA PASIÓN DE SEVILLA. SANTÍSIMO CRISTO DEL AMOR. HERMANDAD DEL AMOR


Imagen.- Santísimo Cristo del Amor.
Autor.- Juan de Mesa.
Fecha.- 1.620
Técnica.- Madera Policromada.
Lugar de Culto.- Iglesia del Divino Salvador de la ciudad de Sevilla (España)

      Entre las sombras de la noche del Domingo de Ramos en Sevilla, sobresale, sin duda, el paso silencioso, de un Cristo, que lo ha entregado todo por Amor, ha salido de la Iglesia del Salvador, y busca la Catedral, en medio de los ojos de aquellos que contemplan su paso, en medio del asombro, el respeto y la oración. Es el Santísimo Cristo del Amor, todo el bullicio de las primeras horas de la tarde, se transforma en silencio, en oración, el Drama de la Pasión ha concluído en una Cruz. La ciudad vuelve sus ojos ante una de las obras paionistas más importantes que guardan sus templos, y que puede contemplar cada año en su Semana Grande. No destaca por su paso, por la música que interpreta una banda tras él. Destaca, tan sólo y sobre todo, por la hechura que un imaginero, un escultor con su gubia en él, logro. 

        En el suglo XVI se funda en la ciudad de Sevilla una Hermandad bajo el título del Santísimo Cristo del Amor y Socorro de Nuestra Señora, cuyo fin es el de socorrer espiritual y materialmente a los presos sin recursos de la ciudad hispalense. La primera sede, fundacional, de esta Hermandad es la Iglesia de Santiago el Viejo de la Capital andaluza, sede que debe abandonar en el año 1.603, instalandose en la Iglesia de los Terceros. donde residía la Cofradía de la Entrada en Jerusalén. Donde se fusionaran las dos hermandades el 23 de mayo de 1.618.

        Ese mismo año de 1.618, en el mes de mayo, tal y como se recoge en un documento de la Hermandad, esta encarga, el 13 de mayo la ejecución de un "Cristo crucificado, de largo dos varas, antes más que menos, medido desde el calcañl del píe hasta la punta del cabello", como recoge la Página de la Hermandad; a escultor Juan de Mesa. El Cristo debía tallarse en madera de cedro y se estipulaba como pago de la imagen: "mil reales, que valen treinta y cuatro mil maravedises".  La imagen es entregada a la Cofradía en el año 1.620, Siendo la primera imagne de Jesús crucificado que realizará este escultor.  La imagen ha sido venerada en distintos templos de la ciudad: la Parroquia de San Miguel Arcángel, la Parroquia de San Vicente, el Templo de los Terceros, la Iglesia del Dulce Nombre, la Parroquia de San Pedro, y finalmente desde el año 1.922 en la iglesia del Salvador, habiendo tenido que ser venerado por obras en esta, en la Iglesia de la Anunciación desde el año 2.003 al año 2.008.

           El Santísimo Cristo del Amor es una talla de Crucificado. Que mide 1,81 de alto. El Señor está unido a la Cruz mediante tres clavos, uno en cada mano y otro en  los pies, sobreponiendo el pie derecho al izquiero que es el que descansa sobre el madero de la Cruz, sin patibulum. El sudario anudado a los dos lados de la cintura del Señor, nos recuerda al que Montañes colocó en la imagen del Santísimo Cristo de la Clemencía, aunque más oscuro que aquel, y con más moviemiento, recordandonos el gusto barroco de la época. Perfecto estudio de la anatomía masculina. Cristo muerto, pide al que pone en él sus ojos, que recuerde su naturaleza divina, Según algunos estudiosos Juan de Mea quiso escúlpir el momento en el que Jesús pronuncia su última palabra en la Cruz: "Consumatum est" "Todo está cumplido". Inclinando la cabeza sobre el lado derecho de su cuerpo. Pero esta interpretación no parece muy realista ya que en el mismo costado donde inclina la cabeza, aparece la herida de la lanza de Longinos, que según Juan fue realizada después de la muerte del Señor. La cabeza del Señor del Amor es un verdadero grito para el alma del que la contempla. Un grito por su expresividad, por su realismo. Los ojos semicerrados, la boca semicerrada, algún resto de sangre cayendo por la frente, pero transmitiendo una gran paz, la corona de espinas tallada sobre la cabeza. Todo ello fruto del estudio de Juan de Mesa sobre algunos cadáveres para obtener la idea de la muerte que el creía. E.l torso ensangrentado por la herida abierta en el costado y las heridas que caen de los hombros y las manos, nos recuerdan como dijo José Hernández Díez en 1.972: "un Lacoonte" con los dolores de su cuerpo. 

          A sus píes un pelícalo, en la parte trasera de la Cruz, abre su pecho para alimentar a sus polluelos. ¿Puede haber mayor muestra de amor que aquella del que da su vida por amor a sus semejantes?


             



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