martes, 3 de marzo de 2015

IMAGENES DE PASIÓN DE SEVILLA. EL CRISTO DE LA CLEMENCIA O CRISTO DE LOS CALICES.


Santísimo Cristo de la Clemencía, conocido como de los Cálices. 
Autor.- Juan Martínez Montañes. 
Fecha.- 1.603 – 1.604
 Lugar de culto.- Capilla de San Andrés de la Santa Iglesia Catedral de Sevilla. 

      El Santísimo Cristo de los Cálices es, sin duda, la obra cumbre del Barroco Sevillano. No pertenece a ninguna Hermandad penitencial, y por lo tanto los sevillanos y los visitantes de la Semana Grande de la ciudad Hispalense no pueden gozar de su presencia en las calles de esta ciudad durante los días de su Semana Santa. Han sido contadas las ocasiones en las que está maravilla del arte sevillano ha salido a la calle. Podemos destacar su participación en el Entierro Magno del año 1.920 , y en las Misiones del año 1.965. 

    Fue encargada por Mateo Vázquez de Leca, Canónigo de la Catedral de Sevilla a Juan Martínez Montañes el 5 de abril de 1,603, en el contrato el contratante dice: “el Cristo ha de estar vivo, antes de haber expirado, con la cabeza inclinada sobre el lado derecho, mirando a cualquier persona que estuviese orando al pie de Él, como que le está el mismo Cristo hablándole y como quejándose que aquello que padece es por el que está orando, y así ha de tener los ojos y rostro, con alguna severidad y los ojos del todo abierto…”. La obra debía presidir la Capilla funeraria del clérigo Sevillano. Para su ejecución el escultor sevillano utiliza madera de cedro. Martínez Montañes se inspira en un pequeño crucifijo que había en Sevilla y que la tradición ha querido señalar que fuera obra del mimo Miguel Ángel. La policromía fue realizada por Francisco Pacheco, suegro de Velazquez. Se venero en el Monasterio de Santa María de las Cuevas en la Isla de la Cartuja hasta la desamortización de Mendizabal, cuando es trasladado a la sacristía de la Catedral, donde comienza a ser conocido como el Cristo de los Cálices. 

      Jesús aparece en la Cruz, vivo, tal y como hemos visto que se exigía en el acta de contratro de la obra. Sujeto al Madero por cuatro clavos: Uno en cada mano y uno en cada píe, estando los pies cruzados, basándose en las apariciones de Santa Brígida y en la opinión de Francisco Pacheco, para quienes el Señor estuvo en la Cruz clavado por cuatro clavos y no por los tres que tradicionalmente se venían representando en los crucificados. Jesús tiene la cabeza inclinada hacía el hombro derecho, coronada por corona de espinas. La mirada caída hacía el fiel, como se pedía en el encargo, parece estar hablando con el que reza a sus plantas; para lograr más realismo en esta conversación, el autor ha querido abrir ligeramente la boca de su Cristo. Ausencia de dramatismo en la imagen, la sangre queda reducida a las manos, y a los pies, provocada por los clavos; y a la que cae en el rostro y pecho del Señor por la corona de espinas. El estudio anatómico del Cuerpo del Señor es perfecto, el dolor es contenido y sereno, sin extridencias. El paño de pureza en un nudo en el lado derecho de la cintura del Señor. 

        Cristo en la Cruz, vivo, diologa con el creyente, arrepentido, que a él se aproxima, que le pide perdón, y sabe, mirando ese rostro, sin dolor, que Jesús ya le ha perdonado. 

       Con este Crucificado, Martínez Montañes logra imponer el tipo de Cristo Sevillano, que después de él, tantas veces se va a hacer para la semana santa hispalense, para los templos de la ciudad del Guadalquivir.

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